Magos



La cabeza entre sus manos. Su estrés un claro signo de todo lo que está mal hoy en día.
-Insisto, de verdad que soy un mago.
-¿Y qué truco sabes hacer?
-Puedo hacer aparecer una sonrisa en tu cara.
-Eso no sería un truco, sería un milagro.
-¡Presto!
Meto mis manos por debajo de sus brazos y le hago cosquillas.
Cada vez que ella sonrie jesús vuelve a morir por nuestros pecados. Me golpea con la palma abierta.

-NO te preocupes. Soy tuyo, mujer. Tienes permiso para maltratarme como te sea más placentero.
-Ya basta, no estoy de humor.
-¿No te la pasaste bien en la fiesta?
-No.
Olfateo mis dedos donde sus axilas minerales
Exudan el mar.

-Te sientes mucho por ser intelectual y bohemio. Por fumar cigarros sin filtro y cervezas oscuras. Déjame decirte que eres un pendejo. Tú y todos tus amigos, una bola de pendejos.
Las luces de la ciudad como velas suspendidas en la superficie de un océano.
No creo tener su amor pero estoy seguro de poseer su admiración, y para mí eso basta para intentarlo.
-Dame un beso.
-No.
-Bésame o daré vueltas en mi propio axis hasta que la fuerza centrífuga me haga implotar.
Sus dientes escondieron su labio en un astuto movimiento de parecer enfadada cuando estaba por reírse.
-Eres más aburrido que la cerveza sin alcohol.
-Tengo tantas horas de erección para regalarte
de verdad, tantas.
Verificó mi erección estrujando como quien compra platano macho
-Aléjate de mí, pinche libinidoso
-Quiero hacer un hot dog con tus nalgas y mi pene.
Y con eso, la
intervención sobrenatural de origen divino arribó en la forma de una sonrisa
-Yo también soy una maga, puedo hacer desaparecer tu pene en mi vagina.
Nada por aquí, nada por allá.

Al otro día le marqué:
-Soñé que me abandonabas.
-No era un sueño, en verdad pasó. Abra cadabra.
Y nunca más nosotros fue.

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