viernes, 17 de enero de 2014

En mi trabajo


En mi trabajo me hago llamar lavaloza, 
Cuando lo acepté ni siquiera sabía qué me iban a poner a hacer
Para empezar, ¿quién era esa loza?
¿Y porqué se necesitaba lavar?
Recibo platos grandes, del 28,platos pequeños del 23, cubiertos llenos de comida y todo tipo
de sártenes y ollas mientras los cocineros juegan a la comidita
Me parece un trabajo arduamente tedioso, y me recuerda siempre a lo que decía
Jello Biafra:
"Estoy en mi trabajo, soy tan feliz, me aburro más en el día pero al menos me pagan"
Mis manos están hinchadas de tanto meterlas en agua helada y agua hirviendo.
El trazo de mis venas está quemado como si me corriera bilis por los brazos.
Y mi piel está seca y cacariza en espera de una pomada que la consuele, pero yo sigo lavando loza tras loza hasta el final de mi turno.
Un día recibí una taza con lápiz labial color carmesí que me hizo pensar en la señora quien se lo había tomado
¿Trabajará en el liverpool o en el palacio de hierro?
Era inútil salir a asomarme de la cocina puesto que para el momento en que a mí me llegaba su taza ella ya había pagado la cuenta.
¿Será cajera de un banco? ¿O será de aquellas que te dan muestras de perfume?
En mi trabajo empezó a llegarme una taza con lápiz labial color carmesí todas las mañanas, y sé que en ella se prensaron unos labios tiernos succionando el dulzor de un café con leche.
Hay una mujer que no me conoce ni yo la conozco a ella, pero la rutina nos hace cómplices a la hora del desayuno. En mi trabajo no hay mucho tiempo para la poesía, sin embargo, con un poco de atención, la podrás encontrar.


viernes, 11 de octubre de 2013

Caósmosis



Durante cien noches seguidas tuve la misma pesadilla. Todas las noches comenzaba conmigo volteando hacia el cielo donde veía una formación hermosa de aves volando. Me tallaba los ojos y descubría que en realidad estaba equivocado, eran una parvada de helicópteros. Un lugar donde los maniáticos han hablado y los ancianos escuchan bañados en llanto, empalmando los límites de la cordura con el enemigo. Donde todo es locura y los vicios todo lo curan. Donde el cielo es gris y el techo sobre mí se ensancha como si tuviera várices. Donde las piedras sudan azufre. Donde se le encuentra a uno que le gusta el peligro. Pero, ¿aquí es dónde? No puedo descifrar si estoy en Oceanía o en Paris. Estoy en la misma ciudad donde Winston fue torturado una y otra vez hasta que reclamó vivir en un solipsismo colectivo. Donde se pone un mercado los miércoles y dicen que bajo la carreta de pescados nació Jean Grenouille. Donde Berenice fue ultrajada y le arrebataron su sonrisa guardándola en una caja de madera ¡Una ciudad en la que fui insultado siendo llamado homúnculo! En la cual habitaba en Sodoma y modorra. Que diga sopor y Gomorra.  Que caminaba a la farmacia y a la licorería en busca de los alimentos que a diario consumo. Repito, un lugar en el que los maniáticos platicaban y los cuerdos gritaban. Y yo era de los que platicaba. A la hora del té. En donde las casas no cerraban las puertas de la entrada, y las dejaban emparejadas porque esperaban al Diablo y lo contemplaban, como la harina que hace pan el fuego.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Alternanzas #5

Los chavos de Alternanzas me publicaron en su último número. Pueden encontrar sus revistas y eventos en su facebook:


SVARTI, historia de un tatuaje

"...Había ocasiones en que se realizaba una ceremonia especial para dar oficialmente el apodo a alguien. Obviamente, ese apodo reflejaba algún tipo de hazaña, como seguramente ocurrió cuando al hijo de Erik el Rojo, Leif, le llamaron el Afortunado al regresar de Vinland. Sería interesante saber qué hizo exactamente el rey noruego Erik para que le llamasen Hachasangrienta"


Hace más o menos una década me interesé en el metal y más precisamente, en el black y viking metal. Conocí a gente en los foros del Merol que me contaron historias vikingas de leyendas, mitos y dioses. Por ese tiempo, me interesé demasiado en la cultura, y decidí re-bautizarme en internet como Svarti, nombre que simplemente se traduce a "negro".

 Ese fue mi nick apartir de ese entonces, y creé en el difunto msn la cuenta de svarti_hachasangrienta@ . Con ese mismo sobrenombre subí mis primeros poemas, decía que era un diminutivo de Svartolomeo J. Simpson, como si fuera una caricatura, ó le daba el apellido de Svarti Smith, adjudicándome una relación familiar con Roberth Smith de The cure.

 Entré a la preparatoria y había gente que de conocerme a través de chats me decían Svarti. Mismo nombre que rayaba en todas mis libretas, y el cual después de un tiempo empezó a infiltrarse en mis textos. Salí de la prepa y al ingresar a universidad creé el tumblr de Svarti y su compañero twittero, svartitwitt.


 En estos días fui a que Carlos Olvera me tatuara mi sobrenombre, una ceremonia especial de la que venía hablando desde hace años.




Tatuaje por Carlos Olvera
Imagen y video por Tania F.

martes, 13 de agosto de 2013

Clara, los perros ladran cuando ven fantasmas


 photo Claralosperrosladran_zps701a8a3c.jpg

«No seas tonto, cuando los perros ladran es señal de que vamos avanzando». «¿Quién es ese que va fumando marihuana por la calle? Soy yo, soy yo». Caminamos evitando los charcos, uno delante del otro. «Cuéntame algo menos tenebroso, un chiste por lo menos». «No me sé ningún chiste, mi humor es sumamente auto-complaciente. Cualquier otro que comparta mi carcajada lo tomo como daño colateral».
«Me sé un poema de Aurelio Asiain, ¿quieres que te lo cuente? »«No». Le agarro de la mano pero no le es cómodo a ninguno de los dos. Clara, mi amiga a la que nunca le he dicho que la amo, hasta ayer. «El único chiste que me sé es el chiste más triste del mundo. Se lo aprendí a Rorschach, ¿quieres oírlo?» «No, gracias. Sólo te identificas con personajes que tienen problemas con sus padres». Y lo cierto es cierto, una vez más.

«¿Haz notado las pocas y distanciadas actividades sexuales que tienen los personajes en actividad paranormal? Ese es obviamente el demonio que los persigue, el demonio del pudor, aún después de prometerse la vida eterna».

Agito mi cabeza varias veces mientras estoy fumando marihuana. Lo hago para que se vaya asentando en el cuerpo, le comento. Clara me sigue viendo como si estuviera loco. Y lo estoy. «Soy de las pocas personas que ha tenido el mismo hitter durante años». «¿Y te enorgullece? », «Claro, tanto como mi planta de marihuana en el baño de mi casa, a la que le leo poemas de Kerouac y le canto canciones de Bob Marley». Le enseñé el baño desocupado en donde hacía mi pequeño experimento. La luz de xenón reflejaba la sonrisa de Clara como si fuera el gato de Cheshire. Clara trata de tomarme de la mano, pero no puede. «Nunca he tenido comunicación con un fantasma, o será que los fantasmas se la piensan dos veces al querer abuchearme». «¿Esa es tu idea de un chiste? Buuuuu». «¿Acaso tú eres un fantasma?» «No soy un fantasma, soy tu fantasma, no existo fuera de tu cabeza»«Lo sé, Clara, créeme» y aún me asustas.