Crascitar. (secuela a Soy el cuervo que criaste)



Leo un libro de Fernando Nachón mientras mi perro Magno duerme a un costado, “¡Qué cómodo!” -Dirán ustedes “Ahora este autorcete mata a su padre para librarse de embrollos, ¡que se vaya a la mierda! Cerremos el libro” Pero no, no lo cierren, deténganse".
Yo decido cerrarlo. Es el día final antes de que Ella se vaya. Vemos la luna caer sobre nosotros hacia la medianoche. He aprendido a no enamorarme perdidamente de toda mujer que me rodea. Es triste, pero a algunos hombres les puede tomar toda su vida darse a la idea de que su corazón no puede ser siempre entregado. Algunos otros nunca nos damos cuenta.
El chasquido del encendedor anunció la llegada de otro cigarro más a su boca:
«¿Por qué no le eres fiel a ninguna de tus parejas? »
Ella me pregunta, yo me quedo pensando; «Para amar como pingüino se tiene que actuar y ser un pingüino. Yo no soy un pingüino. No. Yo soy el joven llamado cuervo, ¿Qué no lo recuerdas? »
Y pensar que algunos escritores meditan sus mejores líneas en el momento más caótico. Y mientras los débiles apenas se pueden arrancar unos párrafos bajo el cobijo de su madre. Y que yo pertenezco al segundo grupo. Y veré a mi madre a los ojos y le diré soy el cuervo que criaste. Y me le pondré enfrente y exclamaré Yo soy el que te arrancará los ojos en tu lecho de muerte. Y así será. Y finiquito.

«¿Acaso hay un momento en el que te cuestiones todas las ficciones que te creas en tu cabeza? » Ella me pregunta
«¡Caww Caww! » Le contesto al levantar vuelo. Mis alas se baten y me separo de la tierra. Sin piedad exclamo a los cielos con mi crascitar. Soy las letras perdidas, la ficción en tu vida, cuando me ves sufres, cuando no me ves lloras. Soy la vida perdida, la ficción en las letras, He  sido hecho de menos
me han aventado a la fosa
más profunda
donde he añorado a la luz
por décadas
y aún así deseo el desastre.
¡Que me den el caos! sentirlo envolviendo en este cuerpo
o crearlo, ¡satisfacer el deseo
de ver el horror reflejado en tus ojos!

Me despedí de Ella en la central de autobuses, en el mismo lugar donde la recogí hace apenas unos días:
«Sé que no puede tomarme menos de medio siglo obtener la grandeza
pero si la obtengo
te lo juro mujer
sere el más grande
más grande que todos los otros.
Yo diría, el más grande que el mundo haya visto
».
«Yo también me divertí» me dice Ella, al apagar su último cigarrillo debajo de sus sandalias.
Magno le ladró para que volviera
y como tampoco se inmutó por abandonarlo
ambos pernoctamos nuestra derrota hacia el alba.
Un nuevo día. Me uno a la bandada y emigro contra el viento. Y esta historia continuará.

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