Folclore y alucinaciones



-¡Hemos llegado!-
-¿En serio? – Juan vio a su alrededor aún no muy convencido.
-¡Sí! Esto es el hermoso pueblo de Tepoztlán- contestó su amiga, Carla.
Ante los ojos de Juan esto no era nada parecido al lugar que le habían contado. Cierto, es un pueblo tradicional, pero Juan no veía absolutamente nada que lo hiciera más especial que cualquier otro pueblo en México. La gente caminaba por la calle mientras los perros dormían en las banquetas, los policías hacían todo menos acciones policiacas, y los pocos gringos caminaban con cervezas Corona en la mano. Para su gusto, algo totalmente común.
-¿Te gusta?- preguntó Carla.
-Me encanta- mintió Juan.
-Bien, pues te encantará más después de estos hongos-
Juan se comió un puñado de ellos y su textura terrosa casi le voltea el estómago. Carla le pasó una halls para el mal sabor de boca. Continuaron caminando, en lo que parecía ser la calle más transitada de todo el pueblo, y Juan pensaba en lo sobrio que se sentía, hasta que al salir de una tienda de inciensos al que entraron a comprar un paquete de papel arroz, la música de Anoushka Shankar decidió que quería acompañarlos.
Pronto llegaron a las faldas del tepozteco y con la citara tocando en sus orejas comenzó a subir escalón a escalón. Carla se reía y su risa vibraba por todo el valle. Podían escuchar a las plantas y los árboles respirando a unísono junto con ellos. Se tomaron de la mano, en el momento en el que ambos escucharon a la madre tierra pidiéndoselos. Toda la demás gente que se encontraban en el camino de subida, estaba en slow motion. Sus movimientos, sus reacciones, por cada segundo que pasaban Juan y Carla el resto se lo tomaba como si fueran diez. Para ellos esto les dio mucha risa, y por supuesto, a la madre tierra también. Se toparon con una ardilla que les dijo que ya casi llegaban a la cima.
-Yo no he sentido la súbida, en realidad tengo esta canción que me está dando vueltas-dijo Juan
-¿La de la tienda de inciensos?-
-¡Exacto!¿Tú también la escuchas?
-Es un viaje compartido, tonto.-
Llegaron a la cima. Para su asombro, una señora vendía botellas de agua, de las cuales compraron cuatro. Se tomaron un par ellos y le dieron un par a la madre tierra, que se los agradeció despejando las nubes sobre el pueblo. Era difícil no sentirse conectado con la tierra, el agua, el sol.
-¿Sabes la suerte que tenemos de estar aquí, en este momento?- preguntó Carla
-Sí, lo sé- dijo Juan, y empezó a armar un porro con un poco de marihuana que tenía en el bolsillo.
-No, no creo que lo entiendas, hablo sobre todo. Sobre el principio del universo sucediendo, sufriendo una inflación cósmica. Sobre los quarks y los gluones combinándose en bariones. Sobre los planetas formándose a partir de concentraciones rocosas y gaseosas. Sobre las demás formaciones químicas que interactuaron para la creación de un microbio. Su evolución, que se separara y expandiera, y la formación de vida molecular en el agua. Hablo sobre el primer animal que pisó tierra y la llegada de los mamíferos. Sobre la evolución de los primates hasta los primeros homoninos. El comienzo de las tribus, la formación de sociedades, la tecnología. Como la división de nacionalidades y la invención de barcas. Hablo sobre los españoles llegando a tierras americanas, sobre el primer contacto con los nativos. Sobre la Malinche y Hernán Cortés. La mezcla de las razas, el colonialismo, la pirámide de este lado del cerro y la cruz de Cristo en el otro lado. Nuestra existencia en este periodo de tiempo,moderno, ¿sí entiendes de lo que hablo?-
Juan terminó de hacer el porro y lo encendió. Cuando Carla se mantuvo callada, se dieron cuenta que la canción de la tienda de inciensos seguía como música de fondo acompañándolos.
Juan le pasó el porro a Carla y volvió a ver al pueblo bajo sus pies.
-Tepoztlán es muy hermoso- dijo Juan por fin.
-¿Acaso no te lo dije?-.

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