El plan de Helena


Helena prepara su golpe, como lo había visto antes en muchas películas. Sujetó la pistola con firmeza, levantó el brazo y lo dejó caer a gran velocidad, acertando en el cráneo del guardia de seguridad. Un hombre gordo, de 45 años de edad, cayó en ese momento de la silla giratoria que apenas le había regalado el jefe la navidad pasada. Verlo ante sus pies inconsciente le hizo sentir que todo estaba sucediendo acorde al plan, a su plan. De pronto, entró Génesis, su hermana menor. Estaba completamente vestida de negro, como su hermana mayor, pero Helena no traía pasamontañas. Helena le lleva cinco años, y se nota que está en plena pubertad por su cara cubierta con espinillas. De Génesis sólo se puede ver el largo de su cabello por debajo de la capucha; Es lacio y de color marrón. Génesis voltea a ver al guardia y después a su hermana. “¿Qué hiciste con Rafa?¿Lo mataste?¿Por qué no traes tu pasamontañas?”, “Tranquila” dice Helena, “En el cuarto de vigilancia no hay cámaras, y solamente lo he noqueado", Génesis le da un pasamontañas a Helena y esta se lo pone, “¿De dónde sacaste la pistola?” Helena la sopesa en su mano como si apenas se hubiera dado cuenta de su presencia, “¿Esto? Estaba en el cajón de la ropa interior de papá. Pensé que si íbamos a aparentar un robo, lo mejor es traer algo para que nos temieran” Génesis voltea a ver a su hermana y pasa saliva por la garganta. “Vamos, tenemos que apresurarnos, trajiste el desatornillador de punta plana?” Génesis le muestra la herramienta “Ok, vamos”.

Entraron al edificio. Pasan cinco días a la semana en estas instalaciones, y sin embargo su aspecto en la noche es totalmente lúbrego. La luz de los postes que entra desde afuera extiende sus sombras por el pasillo, como si fueran gigantes. “Génesis, si tienes miedo puedes regresar a casa, de verdad que no tienes que acompañarme” dice Helena a su hermana menor, quien está muda y con las manos húmedas de la tensión “No, estoy bien, solo quiero que todo salga bien” responde Génesis, “ Sólo vamos por nuestras cosas, ¿verdad?” ,“Y el dinero, Génesis,también vamos por el dinero, si solo llevamos nuestras cosas, se van a dar cuenta que fuimos nosotras, tenemos que dejar ese lugar destrozado y también llevarnos el dinero de las donaciones para el baile”.

Génesis observaba cuarto por cuarto e iluminaba su interior, con miedo de que saliera otro vigía aparte de Rafa ó peor aún, un fantasma. “Vamos” le dijo Helena, “te estás tardando mucho, sabes que su oficina está en el segundo piso, no tenemos tiempo”, Helena sentía gran extásis por este plan, que lejos estaba de sus pequeños robos en supermercados y tiendas departamentales. Esto sí impresionaría a su novio, El Pistolas. Le enseñaría que no solo es la gatita rebelde que se escapa de su casa, sino ya toda una fiera. Muy extasiada se sentía Helena, pero lo disimulaba. Al final del pasillo se encuentra una manguera y un hacha empotradas en la pared y contenidos en un cristal que previene “ En caso de incendio”. Helena se preparó nuevamente, esta vez envolviendo su empuñadura con un paliacate y acestó un golpe en medio del cristal. Génesis que estaba revisando los salones sólo volteó para iluminar la escena, con su hermana Helena quitando los pedazos de vidrio encima del hacha, después de empuñarla voltea y le dice a Génesis “¿Ya estás lista?”

Al subir al segundo piso se topan directamente con la puerta del director. Génesis saca el destornillador e intenta abrir la puerta pero sin éxito. “A ver, déjame intentarlo” le dice Helena “Vi un video en youtube sobre esto”, mete el desatornillador entre la perilla y la puerta y lo va deslizando hasta que escucha un click.
Dentro, la oficina se mantiene en completa calma, con las persianas abiertas iluminando el interior con la luz que entra desde la cancha de basketbol. A Génesis le tiemblan las manos, pero cierra los puños para disimular. Entrar a la oficina del director por el día se siente criminal, pero ser un criminal entrando a la oficina del director por la noche es otro cuento. Helena nota que su hermana está en blanco, y le da unas palmadas en el cuello, “Eh, vamos, ¿qué no estabas muy enojada en la tarde cuando te diste cuenta que te quitaron tu videojuego? Vamos a recuperar lo nuestro, ¿Ok?” Helena y Génesis voltearon a ver alrededor solo para contemplar el lugar y porque esta sería la última vez que alguien lo viera así. Helena le pidió a Génesis que forzara los cajones que estaban en su escritorio, porque según ella era allí donde guardaban todo lo que le quitaban a los alumnos. Abrió cajón por cajón, hasta llegar al último. Cuando Génesis lo abrió, se dio cuenta de que habían encontrado lo que estaban buscando. Juguetes, cartas, celulares y todo tipo de aparatos electrónicos. “Fuck school, fuck authorities” dijo de repente Helena, acordándose de una de las frases favoritas de su grupo preferido. Metieron las manos como si fuera una piñata y se toparon rápidamente con sus pertenencias. De Helena, su celular, que había sido arrebatado de sus manos en clase de química, justo mientras se estaba mandando mensajes con su novio, El Pistolas. Lo revisó y aunque lo habían dejado prendido todo ese día, aún le quedaba un poco de batería. Tenía un mensaje nuevo, escrito por El Pistolas que decía “ Nena, perdón por no hablarte. Mis papás sí se fueron y tengo la casa sola por el fin.¿Vienes?” De Génesis, su game boy. Lo encendió y, para su sorpresa, su juego sí estaba guardado hasta el punto donde se quedó, un nivel antes de llegar al último jefe. Se metió brevemente al juego para verificar su estatus. Cuando satisfactoriamente encontró que tenía el mismo nivel de corazones, rupias e ítems como la última vez, se le quitó una gran pesadumbre de sus hombros. Mientras Helena escribía un mensaje de vuelta a su novio, Génesis encontró la urna donde estaban los depósitos para el baile. Habiéndose sentido victoriosa junto con su hermana por haber conseguido lo que les pertenecía, Génesis no hesitó al levantar el hacha, calcular el tino a una de las hendiduras y bajar el hacha sosteniéndola con los dos brazos firmemente. De un solo golpe abrió su contenido y los billetes junto con las monedas se regaron en el suelo. “¡Bien hermana!” le dijo Helena, “yo sabía que las ganas de destrozar estaban dentro de ti, ¿por qué no me enseñas más y redecoramos este lugar?”, “¡De acuerdo!” le contestó Génesis.

Génesis levantó nuevamente el hacha y la dejó caer encima del escritorio. Los lápices y papeles cayeron al suelo, pero la tabla resistió. Volvió a levantar el hacha y le dio justo en donde había hecho la hendidura. Por fin, el escritorio de madera compresa desistió. Cayeron al suelo la computadora, un pequeño archivero, una lámpara y el retrato de sus hijos. Helena vio la escena y la sangre le empezó a correr por las venas. Soltó un aullido, y de un solo impulso levantó la silla giratoria y la echó directo al mueble con la pecera. Un pez beta de color rojo se empezó a convulsionar en el suelo, rodeado de vidrios, pero estaba tan oscuro que ninguna de las hermanas se dio cuenta. Génesis tomó los papeles del archivero y los echó hacia el techo. Una lluvia de boletas, reportes, cartas a rectoría y exámenes cubrió el cuarto por completo. Después, Génesis escaló el librero y empezó a tirar los libros a manotazos por el suelo.Helena se reía, dando patadas a todo lo que se le topara enfrente. Fue cuando levantó la pantalla de la computadora y la aventó por la ventana. Mientras, en el cuarto de vigilancia, Rafael se sobaba la nuca, despertado por el escándalo.

Salieron de la oficina del director con las manos cargadas. Helena traía la pistola en una mano y el hacha en otra, porque pensaban en quedársela como recuerdo. Génesis cargaba el dinero en un viejo maletín que se encontraron en la oficina, y le pesaba bastante, pero no tanto como el hacha. “¿Qué piensas hacer con tu parte del dinero?” le preguntó Helena a su hermana, “Pues me quiero comprar el nuevo Nintendo, va a salir con un nuevo juego de Zelda” le dijo Génesis, “¿Y tú?”, “Yo me pienso ir a la playa con mi novio” Helena contestó soñadora, con la voz ya quebrándose de la emoción. “Iremos a alguna playa al sur de Oaxaca que él ya conoce. ¡Espera a que le cuente!” De la felicidad Helena apretó sus manos y teniendo un dedo en el gatillo, soltó un tiro al aire, y el culatazo la hizo que se cayera al suelo. “¿Estás bien? ¿Por qué sigues cargando con eso?” Génesis se acerco para ayudarle pero Helena se negó. “Estoy bien” decía pero en realidad estaba un poco avergonzada. Se levantó gruñendo, con la mano quemándole por lo caliente del arma, pero decidió no opinar nada al respecto. “Cuida el dinero Génesis, no se te vaya a a caer”. Bajaron las escaleras y justo cuando sus pies tocaron el primer piso, una sombra enorme se les fue encima. Lo único que alcanzaron a escuchar fue su gruñido cuando agitó su brazo con esa macana. Le dio justo en la sien a Helena, y a Génesis le pasó por encima de la cabeza por tener estatura baja. Génesis entonces escuchó las dos armas caer al suelo, el hacha y la pistola. Decidió usar el hacha porque, aunque ya la había cansado bastante, era el arma con la que ya tenía experiencia. Esquivó un segundo strike subiendo las escaleras, y esperó a que Rafa las subiera. Después, bajó corriendo y agarró el hacha dándose media vuelta con el arma atinándole justo arriba del tobillo, haciendolo caer como un oso herido al suelo. Rafael cayó justo al lado de Helena, quien seguía inconsciente. Génesis se le quedó viendo a Rafa y a cómo sufría por la herida que le habían hecho. Pero él le había pegado a su hermana, así que no tuvo otra opción. Aún así, Génesis comenzó a llorar. Al principio se tapó la boca para disimular, pero después la tristeza de todo este escenario se le vino encima y no pudo detenerlo. “Eres apenas una niña” Rafael le dijo, mientras ella le daba la vuelta, pretendiendo ignorarlo. Rafael sufría gravemente por su herida, pero ya había escuchado ese llanto alguna vez, proveniente de una niña muy dulce que clamaba haber perdido su videojuego. “¿Génesis?” dijo por fin Rafael, con un aliento de esperanza. A Génesis se le helaba la sangre, saber que ya la habían reconocido. Pensó en cómo su hermana no la perdonaría si al despertar estuviera rodeada de policías, y cómo a ella tampoco le gustaría dejar su juego incompleto. “¿Eres tú, Génesis?” Insistió Rafael, pero Génesis ya había escuchado demasiado. Tomó el arma que estaba un escalón abajo, y se le acercó a Rafael. Según ella sabía, no tenía familia, ni una novia ni muchos amigos, y sabía que estaba mal pensar en todo eso como consolación, pero era la verdad. Rafael clamó clemencia, asustado, cuando vio la punta de la pistola alineada con su cabeza. “¡No!” fue lo último que gritó Rafael antes de que una bala le atravesara el cráneo. La pistola estaba sumamente caliente y Génesis la tiró al suelo. También, por los dos disparos, ya no estaba escuchando muy bien, y se quedó en estático escuchando el agudo sonido que sus tímpanos le producían. Después de asimilarlo, resumió su llanto.

Cuando Helena despertó su hermana seguía llorando en las escaleras, asustada como no la veía desde que era pequeña y le tenía un miedo mortal a los fantasmas.Génesis se había quitado la máscara, y lloraba con las piernas recogidas recostada hacia la pared. Helena tenía la ceja abierta, pero le había corrido muy poca sangre de la herida. Cuando trató de levantarse, todo se movió por un momento, y se tuvo que sujetar del barandal para establecerse. Génesis continuó llorando, ignorando que su hermana ya estaba recogiendo las cosas. Helena tomó el arma y el malentín, su hacha se tendría que quedar. No le preocupaba, ya que habían usado siempre guantes, pero el arma de su padre seguramente levantaría cuestiones. Razonó todo esto y muchos más escenarios periferales que conocía por programas como La ley & el orden y Mentes Criminales. Helena vio el cuerpo de Rafael a un lado de ella reposando y con un hoyo en el cráneo desde el que fluía sangre. Recordaba, muchas veces el plan original no funciona, y los delincuentes tienen que improvisar.

Tomó a Génesis de la mano y, la ayudó a levantarse y a colocarse de nuevo su máscara. Génesis comenzó a detener el llanto y verificó estar cargando con su videojuego. “Tenemos que irnos, y mañana ni una palabra a nuestros padres, ¿entiendes?” Génesis dijo que sí entendía, pero aún no estaba muy convencida de estar haciendo lo correcto. “No quiero ir a la cárcel, Helena”, “no te preocupes, nadie sabrá que fuimos nosotras”. Caminaron a lo largo del pasillo y salieron por la caseta de vigilancia justo por donde entraron. Helena se recargaba en su hermana, haciendo ese contacto de hermandad que es importante en momentos como estos pero que ella lo hacía más que nada para no caerse al caminar. Helena pensó en que esta noche no iría con su novio, El Pistolas, que tendría que estar con su hermana para reconfortarla. Génesis aún pensaba en terminar al jefe final en su videojuego, aunque se estaba dando cuenta que había acabado de vencer un jefe final en la vida real. Cuando salieron a la calle, los faros iluminaron sus delgadas y pequeñas figuras de mujer. La luz les parecía tan fuerte que les quemaba los ojos, y tuvieron que empezar a caminar con la mirada hacia el suelo. A las pocas cuadras, las hermanas escucharon patrullas ir hacia el norte, en donde estaba la escuela a la que asisten cinco veces a la semana. El plan les había funcionado.





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