De cuando desperté y me di cuenta que eras enorme.

Su dedo de pie, el más grande y gordo, se entrelaza con el mío en el final de la cama. Hace frío, apenas entramos a Noviembre.
El alcohol se transforma en un taladro dentro de mi cabeza por la mañana
Siento que puedo desmayarme del dolor cuando estoy sentado en el retrete. Tomo el papel de baño y me paro para limpiarme.
Los siguientes títulos me punzaron en lo que regresaba a tu cuarto
-Mis huesos crujen pero no deberían, porque sigo siendo joven.
-Algo de malo tendría acostarse con alguien que es dos veces más ancha que yo.
-Tu coño fue una cueva que habité por desesperación y engaño.

(¿Acabo de escribir coño? Tantos pinches libros de Anagrama están desmoronando mi castellano íntegro, joder.)
Entré a ciegas por entre tus labios y salí de ahí asqueado, mientras me besabas el hombro.
Esa misma mañana te llevé de la mano a la farmacia
a comprarte unas Postday y obligarte a tomártelas
y después de todo mi desprecio, te fuiste a tu casa y me escribiste una larga y hermosa carta de amor
que mantengo escondida entre mis archivos de Word
esperando que algún día me cause tristeza leerla.

He pasado de lo ilegal a lo inmoral en un solo día.
¿Quieres que te prometa que no te usé? No puedo.
Prefiero prometerte que no te volveré a usar, ni ahora ni nunca.
Acostarme contigo fue mi tributo a Bukowski
pero si alguna vez me preguntan por ti
yo te negaré
si apareces por la calle y te acercas sonriendo
yo te negaré
si hablas a mi casa y preguntas por mi nombre
yo te negaré
yo te negaré
te negaré
y te volveré a negar.

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