¡Aleluya!

Tú llegaste con todas las ganas de amarme para siempre y cuando te vi y vi tus intenciones no me quedó de otra que pensar ¡aleluya! ¡Es otoño y aún tenemos las ganas de amar! Pero Dios bendito que no es tan bendito cuando lo dices en sarcasmo pero Dios bendito yo sólo tenía 500 pesos y te lo dije, te dije nena, en mis pantalones sólo hay quinientos pesos y ya pensaba en voltearme y en agradecerte por querer amarme y por tener las fuerzas y el amor para llevarlo a cabo pero en eso me dijiste eso es lo de menos y yo me dije de nuevo ¡aleluya! Me subiste a un taxi y la lluvia empezó a golpetear encima de nuestro techo, nuestro techo compartido en donde nos agarrábamos las manos por primera vez y el taxista volteaba a vernos diciendo espero que no se fajen y que ella esté en sus días porque siempre me pasa siempre siempre me pasa y termino limpiando la sangre oxidada de no sé que chamaca cogelona. PERO NOSOTROS NO, nosotros eramos gente de dignidad (al menos hasta ese momento) en el que todavía nos estábamos viendo fijamente para tratar de platicarnos con los ojos la vida entera y las cuatro ventanas a nuestro alrededor se empezaron a empañar mientras nuestras miradas sostenidas nos hacían cosquillas por dentro y nuestro ser temblaba de miedo, por miedo a amar. Y el mundo era invisible y nosotros le éramos invisible al mundo junto con nuestro taxista que no cantaba pero bien que movía los labios a la par de Joan Sebastian cuando escuchaba la radio en ese día tan lluvioso. ¡Aleluya! ¡Aleluya entre las nubes grises y los taxis viejos! Entonces el ambiente era bastante bohemio y nuestro momento a solas parecía ser nuestro momento los treinta segundos que el mundo entero había dedicado para nosotros pero querías ser enigmática y actuar como una femme fatale sacando tus cigarrillos larguiruchos y mentolados enfrente de mí y empezando a fumar dándole vueltas al humo en tu boca y después desapareciéndolo por completo. Y yo te veía sacar ese cigarro mientras quitabas tu mano que estaba debajo de la mía y buscabas el encendedor. Entonces le dijiste al taxista que diera vuelta a la izquierda y que al fondo a la derecha podía dejarnos y que ahí estaría bien. Tu casa eran dos casas pero pequeñas y de cada lado del terreno con un pequeño perro en medio que llegó a saludarte y a olerme a mi también. Y cuando me dijiste entra a mi casa te mueres de frío y yo estaba ahí adentro calentándome junto con tus muebles y tus cosas y tu perro y tú ahí conmigo yo me acordé de la última vez que eso me había pasado que había sido nunca y me dio mucha tristeza por un lado pero por otro dije ¡aleluya! ¡Yo estoy aquí! ¡Tú estás aquí! Estamos y somos porque estamos juntos en este presente y nuestro presente es todo lo que hay. Y como eres una mujer con clase y bien vestida y bien alimentada me ofreciste un té y un café pero yo no quería nada más que estar ahí y que me ofrecieran algo de beber me hacía sentirme humilde y humillado como perro de puesto de tacos. Te sentaste enfrente de mí y me dijiste oye, si pienso amarte, pero que conste que es sólo hoy, hoy y nada más nos podemos amar, y si te preguntas es porque yo si tengo novio. Y no es mi novio nadamás, nos vamos a casar, pero te vi a ti y me dieron ganas de amarte, pero sólo será por un día y espero que te quede claro. Yo pensé que si esto no era una broma esto podría ser la mujer más hermosa e inteligente que pueda haber conocido porque no me trato como un estúpido tratando de mentirme. Ella me dijo que hoy me amaba y que mañana nomás no. Lo que me dio mucho orgullo porque me hizo sentir que era una persona que se merecía que le dijeran la verdad y eso me hizo sentir importante y dije ¡Aleluya Dios mio! ¡Aleluya por mí porque me siento vivo y cada vez más vivo y aún no soy nadie en el mundo pero soy lo suficiente para que no me mientan! Y de nuevo aleluya y esta vez cerré con un amén. Entonces bebimos y conversamos por una media hora en lo que nos acercábamos gradualmente y la gravedad del sofá hacía que cada vez nuestros cuerpos gravitaran más cerca y poco a poco nos fuimos encimando primero una mano y después una pierna y después éramos un mounstro de brazos y piernas por todos lados y era muy divertido porque estábamos encajados entre extremidades y dedos por todos lados acariciando y sobando y tratando de meterse los dedos por debajo de la ropa. Y entonces me dije ¡aleluya a la ropa suave y de marca porque conocen a su clientela y hacen que sea fácil y divertido y sensual el juego de desvestirnos los unos a los otros como si fuéramos parte de sus comerciales en la tele y estuviéramos luciendo unos jeans en temporada otoño-invierno. Y por si fuera poco, también dije aleluya por eso y porque me siento modelo desvistiéndome tan rico. Tú me gritaste y me gritaste de nuevo y me jurabas que me amabas y yo te juraba a ti que te amaba y nos abrazábamos fuertemente y callamos todos los sonidos y los pujidos y los gemidos en nuestros hombros mientras mordíamos y dejábamos una marca de dientes entre los lunares de mi cuello y las pecas de tu pecho. Y todo fue como un canto de ángeles alzándose al cielo levantándose entre muchos con trompetas y cornetas mandando nuestras almas al cielo y sentándonos entre las barbas del señor nuestro salvador y nosotros al vernos y al verlos y todos al vernos dijimos al mismo tiempo ¡aleluya! Felices y contentos de estar eyaculando los dos simultáneamente al mismo tiempo o como dirían en España, a la par. Y entonces me pediste que te amara y que nunca te olvidara y que te dijera que eras lo mejor que me había pasado y que te volviera a amar una y otra vez por un día por un solo y muy corto día y yo lo hice. Y lo hice con una fuerza descomunal, con una pasión que nunca había sentido ni presentido que se encontraba entre mi pecho y mi espalda esa fuerza por querer ser parte de ti por querer morir o matar por ti y lo volví a hacer entregándome profundamente dando cosas que sabría nunca volverían y que nunca se las podrías ofrecer de nuevo a alguien más. Y entonces lo hice, lo hice y lo volví a hacer como si no hubiese mañana, como si el presente y nosotros y lo que nosotros somos en el presente fuera lo único que existiera y que después de este día no habría otro día de nuevo. Lo hice como si no hubiera mañana, pero oh vaya cruel destino,el despertador me acaba de anunciar que sí lo hubo.

Entradas populares