Escritores estúpidos. 6/6

Es raro, a como los escritores somos deberíamos de ser las personas más estúpidas de la tierra. Nos mal alimentamos, nos drogamos en exceso, nos desvelamos continuamente, etc etc. ¿Cuántas neuronas mataremos al día? ¿Cuánto de nosotros mismos mataremos poco a poco por miedo a que alguien más lo haga? Definitivamente si esto de asesinar neuronas fuera crimen nosotros obtendríamos la cadena perpetua. Aún así, Dios sabe cómo nos las arreglamos para seguir teniendo ideas de cosas para escribir. Ideas que se muestran tan imprevisibles como una marmota al salir de su escondite, ideas que, a través de nuestros cuerpos desgastados tratamos de expresar con tanta sorpresa como el que uno siente cuando la percibe dentro de su interior. Ahora, con esto confesado, ¿no será que en realidad sí somos las personas más estúpidas de la tierra? Piénsenlo de forma lógica y verán que nuestras conductas son completamente ilógicas, que nos conformamos de una contrariedad misma que alimentamos de otros escritores, que a su vez estuvieron en contrariedad consigo mismos y se defendieron con la existencia de otros escritores, y así a lo largo de toda la historia del arte donde una obra se puede justificar por las obras anteriores que lo contagiaron y lo acercan a lo que uno considera acertado. Entonces ¿Quiénes somos nosotros, escritores? ¿Escoria de la humanidad o salvadores de la misma? Si es cierto que somos escoria entonces como escoria debemos de ser tratados, o bien dicho de otro modo, el que arroje la primera piedra estará libre de pecado. Hasta que esta actitud emerja del espectador, el escritor seguirá siendo tratado como salvador y maestro, donde nuestra compleja locura corrobora la magnificencia de nuestra persona. Todo esto sin embargo nos llevaría a otro tópico que considero más importante aunque mucho menormente acertado: Los hemos engañado.

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