Familia ejemplar/ Hijo menor.

Mi madre percibió que tal vez esta fuera la vez que de verdad le dejara de hablar a mi hermano. Había sido una pelea lo suficientemente estúpida como para olvidarla pero también lo bastante violenta cómo para encapricharnos un largo tiempo. De estas opciones mi hermano tomó la primera y yo la segunda, por lo que éramos irremediables. Mi madre me dijo que fuéramos a comer y sabía que era una carnada para llevarme al restaurante donde trabajaba mi hermano, aún así me dejé llevar. Era un lugar fresa, con esos cuidados a lo artesanal que tanto le gusta aparentar a los ricos. Mi madre esperó a que le jalara la silla y después la calzara en la mesa. Yo me senté y desabroché los botones del traje. Hasta ese momento se me ocurrió que no tenía hambre.
-¿Qué vas a pedir? – Dijo mi madre, esperando que levantara la carta del menú
-No lo sé, no tengo hambre- contesté.
Ella me sonrió mucho, y dijo
-¿Nada? Ándale, acompáñame con un postre ¿un mousse de chocolate no se te antoja?- e hizo sonidos de apetito y se sobo el vientre con la mano.
Trataba de no romper sus esperanzas, pero veía pasar a mi hermano y eso me distraía y me daba mal humor. Se acercó.
-¿Qué pasa hermano? ¿Brother? ¿Carnal? – me extendió la mano y yo apreté los puños dentro de mis axilas. Lo ignoraba. Mi hermano me sonríe mucho. Y a su alrededor todos también sonríen mucho (aunque sea de burla). Una sala llena de gente sonriendo, pero no por felicidad. Mi hermano saca mi mano a la fuerza y la estruja entre las suyas.
- Ya brother, la paz, ¿o qué, te pusiste reina? ¿Andas de nenita? – Mientras me decía estas cosas me preguntaba si en el gen del primogénito les viene incluida información para ser unos completos IDIOTAS y no morir en el intento. Mi madre ordena dos ensaladas, una para mí.
- Mamá, ya te dije que no tengo hambre- le dije.
-Tu padre y yo nos divorciamos- me respondió.
Por alguna razón traté de hilarlo con las ensaladas y eso me tomó unos lentos segundos antes de poder responderle.
-¿Querrás decir que se van a divorciar, no?
-No, ya nos divorciamos, hace como dos semanas. Pero no te preocupes, podrás ver a tu padre cuando quieras- me dice esto hablando dulcemente, con comprensión.
-¿Por qué? – le grité. Ella estiro sus manos por la mesa y me tomo del brazo.
- Hijo es un contrato que se firma donde- la interrumpí y alejé el cuerpo de ella.
- No eso- y casi le digo alguna majadería, pero me detuve a tiempo y en parte porque sabía que eso iba a desviarla más del tema- ¿Por qué no me habían dicho del divorcio?
- Es lo mejor para los dos hijo, entiende, estar separados.
-Mamá, me evades- repuse.
-Te estoy diciendo del divorcio- respondió ella, en voz baja.
-¡Pero me lo escondiste!- y empecé a ponerme furioso, aunque del divorcio ya todos estábamos prevenidos y de verdad que no me importaba.
-Aquí están las ensaladas- llego mi hermano alegremente y puso dos grandes tazones con todo tipo de verduras en la mesa. Sentí náuseas.
-No quiero comer- aparté el tazón de mí.
Mi madre seguía sonriendo aún a través de todas mis majaderías. Como si quisiera entrar a través de mis ojos y darle una palmada a mi alma, tranquilizarme con su mirada. Se esforzaba tanto en ello que sus ojos empezaron a lagrimear y su nariz soltaba fluidos. Lloraba. Y si algo no puedo soportar es ver a alguien que está deprimido comer. Me recuerda a esa escena de la película Señales, donde hacen la última comida antes de que lleguen los extraterrestres. Siempre que la veo termino deprimido por semanas. Mi madre sostenía el tenedor en una mano y una servilleta para sonarse en la otra. Empecé a sentir la culpa dentro de mí, ablandándome. Mi hermano ya había visto que lloraba pero ni siquiera se le acercó. Pienso que es porque sabe lo que acaba de decir mi madre pero
-Tú hermano aún no lo sabe- dice mi madre interceptándome en el pensamiento.
Me siento tan atrapado en este momento que me vuelvo dueño de él y me estiro a mis anchas y dejo llevarme por cada palabra de mi madre, desfragmentándola, resolviéndolas por separado y luego unidas en frase, ¿Ante las circunstancias mi berrinche se vuelve idiota? ¿Soy yo idiota, más que mi hermano? Pasa el suficiente tiempo para hacer sufrir con mi silencio, por lo que se siente obligada a decir algo de nuevo.
- La ensalada está muy rica- alega.
-¿Quién se lo ofreció a quién?- le pregunto, siempre ignorando su conversación.
-Bueno, los dos – duda- no, bueno es que fue tu padre el que me lo pidió primero y después yo a él- y yo me quedo sin contestar. Tengo los ojos puestos en ella y lo que veo es un pequeño animal indefenso, aterrado. Como una cachorra bajo el granizo. –Al principio no se lo quise aceptar pero cuando lo preguntó me puse a pensar en cuando había sido la última que había sido feliz, digo, no, no me malentiendas, yo soy feliz con ustedes hijo, lo que quiero decir es que me puse a pensar en la última vez que me había reído ¿y sabes hace cuánto fue? – Arqueo mis cejas, muestro la palma de la mano: Dime si no es mucha molestia. ¿Hace cuánto madre?
-No me acuerdo, jaja, simplemente ni me acuerdo – y su risa está fatigada, como de quien carga una vieja decepción, Yo trato por ser tolerante, abierto. Tenerle compasión a ella que se lo merece, a ella que es mi madre, pero no puedo. Simplemente no puedo. Ni siquiera estoy enojado por alguna razón verdadera, sólo sé que lo estoy y lo estaré haga lo que haga.
-¿Qué onda como están?- pregunta mi hermano que acaba de aparecer y me clava la mirada con su idiota sonrisa aunque siga ignorándolo, mi madre se quita el maquillaje corrido y le dice
-Hijo pon la ensalada de tu hermano para llevar- mi hermano se va con la ensalada y le palpa el hombro a mi madre antes de darse la vuelta.
-No le vas a decir a tu hermano ¿verdad?- y decirle a mi hermano hace que se ilumine la casilla dentro de mi cabeza de “Propia venganza” , Mi madre alcanza a ver el brillo en mí y la noto cansada para seguir discutiendo.
-Está bien, sólo avísame antes de que le digas-
El silencio ahora lo proporcionó ella, y me he ablandado lo suficiente para hablar.
-El idiota de tu hijo volvió a escribir un relato sobre mí, y siempre me hace quedar como un idiota.
-Tú padre tiene el mismo problema- me confiesa.
-¿En serio?
-Sí- dice ella- Fue una de las razones por las que empezamos a pelear-
-La cuenta, mamá- llegó mi hermano y automáticamente me di la vuelta para no verle a los ojos, el me apretó la nuca-
-Ya wey tranquilo, hay que hacer las paces- y la casilla de “Propia venganza” en mi cabeza hace destellos hasta que se va de nuevo.
-Deberíamos detenerle- le dije a mi madre
-Déjalo hijo, a él lo hace feliz y con eso basta.
Mi madre y yo nos levantamos de nuestros asientos y nos fuimos al estacionamiento. Cuando mi hermano salió para despedirse de nosotros vi en su resplandeciente cara que de verdad era un IDIOTA, y tendría que aprender a vivir con ello, Me relajó aquel pensamiento como no esperaba encontrarme en las siguientes semanas. También vi a mi madre y pensé en tratarla mejor de vez en cuando. Sólo espero de verdad que a mi hermano no se le vaya a ocurrir escribir sobre estas vergüenzas.

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