Golpe de mala suerte.

Ella se acercó por mi espalda tratando de sorprenderme.
-Hola Felicia- le dije
-¿Cómo supiste que era yo? – Contestó
-El olor a cigarro- dije encantadoramente- es tu forma de decir hola.
Me paré de la banca afuera del McDonald´s y la lleve a mi carro. Puse la radio porque el lector de cd´s se me había madreado. Bajó la ventana y se salió con la mitad del cuerpo. En su mano, el cigarro que había prendido se consumía mucho más rápido, como si el viento hubiera decidido darle una fumada.
-¿Qué quieres tomar?
-No sé, ¿qué hay en tu casa?
-Nomás vodka
-Siempre con tu pinche vodka ¿No te late la cerveza?
- Si quieres pasamos al Oxxo por unas pacífico.

Pasaba la boca de la botella por sus labios, le daba vueltas de arriba abajo, como si fuera su lápiz labial, impregnando el olor a cerveza para el próximo beso que me diera. Inclinó la botella de cerveza y justo arriba de su labio superior se empezaron a formar pequeñas burbujas que le hacían cosquillas. Prendió al menos otros dos cigarros mientras se la tomaba.
-Como que ya estaba quemada
-¿Neto?
-No sé pues, yo casi no tomo Pacífico.
La llevé hasta mi casita por la carretera libre al D.F. Ya para cuando se estaba bajando del carro le desabroché el sostén y en la entrada de mi puerta ya tenía la falda entre sus rodillas. Su cuerpo retozaba en el suelo de madera astillado. Comenzaba a sudar y los poros de su piel abrían la boca para exhalar el condenado calor. Cada gota de sudor portaba un poco de la nicotina sustraída a la fuerza del tabaco. El olor se volvió tan intenso que por mi mente cruzó la idea de estarme cogiendo un cigarrillo. Seguida llegó la pregunta de que no sabía si los condones también te cuidaban del cáncer en los testículos.
En un segundo la idea desapareció, No me importaba en lo absoluto. Tengo la edad exacta donde no sé si algo en el futuro me espera pero con mi pasado me siento completo.
-Estoy muy mojada.
-Si lo puedo sentir.
-No mames ya hasta dejé un charquito.
-Se siente bien rico adentro, como si la hubiera metido en mermelada.
-Cállate.
-Ok.
Puso sus rodillas y las manos en el suelo, y yo detrás de ella. Parecía que estuviéramos dentro del infierno, con todo el olor del sudor sofocándonos. Mi cuerpo se secaba, de mi nariz una gota gorda se deslizaba hacia la punta. Cuando la gota se derramó en su espalda empezó a sisear hasta desaparecer. Estaba demasiado caliente, podría haber cocinado huevos a esa temperatura. Y apenas era el principio.
-¿Qué haces?
-Voy a fumar mientras cogemos ¿Te molesta?
-No hay pedo.
Pero si había pedo. Nomás que no tanto como para enojarme. En una de esas se la dejé ir lo más adentro que pude, hasta se le salió el humo y empezó a toser mamón. Pero quería fumar, ahora se chinga. Total, que me vengo y nos quedamos acostados. El calor la amodorró y se durmió, con su cara volteando hacía mí. Respiraba de una forma extraña, casi que sentía que se me estaba ahogando, pero cuando empezó a roncar se escuchaba tierno. Siempre he tenido la idea que la mujer de mi vida será con la que pueda respirar en unísono cuando estemos dormidos. Lo he intentado varias veces, acoplarme a la forma como respiran, hinchar mis pulmones al mismo tiempo que ellas, y nunca he podido mantenerlo. Cuando descubro eso, sé que no vale la pena seguir con esa mujer. Lo hago, y seguimos por meses, pero sé que no vale la pena.
Se despierta dos horas después y sin abrir los ojos busca en el buró de al lado su cajetilla.
Pone el encendedor enfrente del cigarro
sus mejillas se contraen y hacen dos huecos
en su cara.
La flama se adentra en el cigarro encorvando su camino y entra casi por completo.
Engulle el humo dentro, muy dentro
mucho más cerca de su corazón
de lo que yo jamás podré estar.

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