Ping pong.

Durante varias calles me sentía acosado. Pensaba para mis adentros que no podía ser nadie. Era el partido más importante de México desde que tengo recuerdo. Jugaban contra Brasil y tenían un gol de adelanto. Era el único que no estaba viendo la televisión en toda la ciudad, y caminaba solo y a oscuras por las calles. Volteaba hacia atrás pero no había nada. Solo por preocupación, pasé mi cartera del bolsillo para dentro de mi calcetín. Y cuando me agaché alguien se paró justo a mi costado. Tu cartera wey, ahora. Traté de escapar y me puso con la cabeza en contra del asfalto, acertó algunos golpes en mis riñones y me quitó los zapatos y la cartera. ¿Qué a ti no te gusta el futbol? Le dije. No,-me respondió- a mí lo que me gusta es el ping pong.

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