Cien noches.

La esposa lentamente se tornaba furiosa, calaba su furia como un tormento que se está aproximando. Su esposo se había comportado como un perfecto idiota y ni siquiera ahora que estaba en peligro y dependía de ella le preocupaba. Sonreía el infeliz mofándose de haberla engañado. Ella esperaba ansiosa la respuesta para que después de eso decidiera qué iba a hacer con su esposo. Él tomó un fuerte respiro y ejercitó la lengua y la mandíbula para no equivocarse en cuanto las palabras comenzaran a rodar fuera de su lengua. "Prefiero pasar una noche con ella que cien noches contigo". Ofendida, soltaba la mano con la que sostenía a su esposo y lo veía caer desde la ventana de un tercer piso, lo suficientemente alejada del pavimento como para que uno piense en los errores irreparables que cometió en la vida mientras se impacta contra la acera.

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